
Fue el quinto rey
asturiano, aunque reinó sólo durante 6 años,
allí por el último cuarto del siglo VIII, dejó
su nombre y lo donó sin saber, a este municipio. Conocido
y a la vez desconocido por culpa de su vinculación con el
carbón y la dureza de la vida del minero, todo el valle del
Nalón es un continuo urbano desde Riaño, en el vecino
Langreo, hasta Laviana. Este concejo nació y creció
con al amparo de los pozos minero, como el Soto, que destaca entre
El Entrego y Sotrondio, o el San Vicente, transformado en un equipamiento
cultural del primer orden, o el mismo Entrego, en mitad del pueblo,
que por cierto algunos designan como un topónimo relacionado
con Aurelio y la leyenda de las 100 doncellas a los moros como tributo.
Pero vamos a retrotraer
aún más si cabe y descender hasta el abismo de los
tiempos pasados, buscando uno de los más bellos dólmenes
de Asturias. Saliendo de Sotrondio por la margen derecha del Nalón
nos dirigimos hacia San Martín, tras una estrecha carretera,
en una curva se encuentra la antigua iglesia de San Martín
de Tours, templo que, según el padre Carballo, alberga los
restos de este monarca, fallecido por una repentina enfermedad lejos
de la corte ovetense. Aunque muy remozada, algunos restos de edificaciones
anteriores quedan como testimonio para el observador: la tumba cerrada
con un arcosolio, modillones en la pared, etcétera. El estrecho
camino sigue subiendo hasta la pequeña localidad de Cabañajueves,
donde continuamos a pie por un sendero que parte del mismo pueblo.
Lo mejor
es preguntar para no perdernos entre todos ellos. Ganamos altura
y rodeamos el pueblo, pasando al otro lado del valle, el camino
desciende y vuelve a subir. A la derecha, en un otero que domina
el valle y desde donde vemos Sotrondio, se encuentra el dolmen del
Españal, en la verde campa del mismo nombre. Aunque destaca
por sus formas limpias, en la piedra cobertera se encuentran agujeros,
llamados cazoletas, realizados por la mano del hombre. A su lado
los restos de una estela con forma redondeada. Todo esto y mucho
más es el legado que los pastores neolíticos dejaron
en esta zona en el III milenio a.C. Volvemos sobre nuestros apresurados
pasos intentando abarcar toda la geografía de este desconocido
lugar, y desde el mismo Sotrondio nos dirigimos a otro de los estrechos
valles que forman San Martín: el valle de Santa Bárbara.
Éste se encuentra en el sur del concejo y separa la cuenca
del Nalón con la vecina del Caudal, a pocos kilómetros
del cordal de Urbiés. Siguiendo por la estrecha y zigzagueante
AS-337, llegamos hasta uno de los pueblos mejor conservados de todo
el concejo: Perabeles.
Pasada la iglesia parroquial de Santa
Bárbara, esta localidad se divide en dos: de Arriba y de
Abajo. En Perabeles pervive la esencia del hábitat rural
de San Martín, perdido en la mayoría de sus aldeas
y lugares. Perabeles de cuenta con varias paneras de buen tamaño
y preciosas tallas. Las casas de labranza de la zona se mantienen
en pie, aunque pugnan entre las de nuevo cuyo. A su lado el típico
hórreo, hoy desgraciadamente más utilizado como trastero
que como verdadero granero aéreo. El material que se utiliza
combina la madera para labrar los corredores y pasamos con la rojiza
arenisca de la zona que sirve de materia prima para las paredes
y muros. Unos metros adelante por la carretera torcemos a la derecha,
hacia el barrio de Arriba. Colgados sobre el valle, éste
conserva sin igual el sabor añejo del hábitat tradicional.
Las cuadras y tenadas siguen en pie, lo cierto es que les cuesta
en algún caso no derrumbarse, y un hórreo destaca
entre las casas pegadas que economizan el exiguo espacio llano que
sostiene la aldea. No podemos dejar de visitar el alto de La Colladiella,
que se encuentra muy cerca, y, si nos apetece, nos acercamos hasta
el Tres Concejos, desde donde dominaremos ambos valles mineros,
con una magnífica vista para regalarnos.
En la
imagen superior, Perabeles, uno de los pueblos mejor conservados
del concejo; en la inferior, el dolmen del Españal.
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