El
extremo occidental del concejo de Oviedo mantiene una serie de aspectos
culturales y naturales dignos de una visita detenida. Las comunicaciones
con esta zona, aledaña de Las Regueras y Grado, nunca han
sido buenas; seamos sinceros: un desastre. La misma carretera N-634,
sin cambios apreciables desde hace un siglo, y, por fin, el siglo
XXI entra en el asfalto de manos de la Autovía del Cantábrico.
¡Ya era hora! Desde Oviedo partimos por este mare mágnum
de curvas hasta la industriosa Trubia. Allí, en el mismo
puente nos desviamos hacia Priañes. De camino a este pueblo,
santificado con la imagen de Arturo Fernández (¡chatín,
chatín!), nos detenemos ante las instalaciones del embalse
del Furacón, donde se embalsa el río Nalón
hacia el embalse de Priañes. En el Furacón quedan
los restos del antiguo puente sobre el Nalón, sólo
un ojo del puente medieval, pero suficiente para captar la extrema
importancia de este paso, donde se unen los ríos Nalón
y Nora. Doblando la esquina se encuentra, rodeada por un meandro
templado y tranquilo, la remozada iglesia prerrománica de
San Pedro de Nora, ya en el vecino municipio de Las Regueras. Donada
por Alfonso III al cabildo ovetense, consta de una planta basilical
con tres naves y tres ábsides rectangulares. Es una iglesia
esbelta que permite la entrada de la luz por sus celosías.
En los años de la posguerra se levantó la alta torre,
que no pertenece al conjunto original, sino a la fantasía
de sus reconstructores. Volviendo al camino, retomamos el mismo
hacia Priañes, el extremo más occidental de Oviedo.
Esta
aldea, remozada al uso ovetense y santificada por la imagen de Arturo
Fernández, salta a los papeles gracias a su inmediato accidente
geográfico: los meandros del río, que dan vida a un
bien motivado experimento como es la introducción de las
cigüeñas en este hábitat. Realmente, cuando nos
asomamos al mirador, el paisaje es portentoso y casi único,
una serpiente viviente en forma de agua que corre entre los panzudos
meandros.
Desde el pueblo parte un sendero
que en menos de tres minutos nos lleva a este inolvidable lugar.
Volvemos hacia Trubia, la segunda población de Oviedo, el
corazón industrial del mismo, y todo gracias a la fábrica
de municiones, fundada por Carlos IV en 1794, lejos de la peligrosa
frontera francesa y escondida entre los montes asturianos. Con Elorza
se reabrió en 1844 para ser la fábrica de cañones
y desde este momento su crecimiento ha sido constante hasta la llegada
del «amigo americano», aparejado con la población
y los bloques que afean este lugar. De las interesantes muestras
arquitectónicas que se mantienen en pie destacaríamos
el Ateneo Obrero, el Casino y la iglesia de Santa María,
construida entre los siglos XVIII y XIX, con añadidos posteriores.
Muy cerca se encuentra la casa de los Miranda Ponce de León,
una casona de forma cúbica con tres plantas y buhardilla.
De Trubia los caminos se bifurcan y pueden llevarnos hasta la Ruta
del Oso, Teverga, Grado, o quién sabe. Es cuestión
de dejarse llevar.
En la imagen superior
los meandros de Priañes. Sobre estas líneas San Pedro
de Nora
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PARA
COMER
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En
Trubia: Casa Puyo, Restaurante Soto, Asturias, Bar Casa Isaac,
etcétera. En Vega de Anzo: Casa Celesto.. |
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PARA
VER
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Si deseamos, desde Priañes volvemos por Las Regueras hacia Oviedo,
visitando el alto de El Escamplero, la Ponte Gallegos y accedemos
a la capital por San Claudio. |
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PARA
DORMIR
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En Priorio se encuentra la única casa de aldea ovetense: La Casona
de Priorio. En Vega de Anzo: Casa Celesto. En Oviedo abundan
los diferentes hoteles, hostales y pensiones, de todo precio
y calidad. |
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