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Por el Valledor

Texto y fotos: Javier Chao

En la profundidad de Allande se encuentra este precioso rincón natural, deudor del Navia y pagador con su desembocadura del mismo. Nos internamos en un espacio protegido por las autoridades naturales del Principado, pero quienes lo han protegido y conservado son sus propios habitantes, pocos, pero bien avenidos. Si algo sorprende a este viajero es la falta de aceptación y de promoción de estos lugares, los cuales, con una cuidada hostelería e información a nivel provincial (luego el boca a boca hace el resto), podrían atraer las miradas de aquellos turistas que desean pasear por las orillas de un riachuelo sin ser molestados por ruidos de motocicletas o de todo terrenos. Por ello es increíble que en Allande, y alrededor de este valle, no exista más que una posible opción para hospedarse: en San Emiliano, y es que el turismo rural no hace buenas migas con este concejo. Pero Berducedo, el centro neurálgico de la zona, carece de todo, incluso de un restaurante para poder comer, quedando sólo Lago y ya los vecinos Grandas y Pesoz.

Desde Berducedo, tras cruzar el Palo, nos internamos por la angosta AS-34, cuyo punto final es Villarpedre, un saco sin salida, cortado por el Navia y su embalse, pero con un posible paso a través de lancha hasta el otro lado. La primera mirada la realizamos desde el mirador del Ribón, a un kilómetro de Berducedo, una pequeña área de descanso que otea, sobre todo, el valle. Llaneando por el cordal de Berducedo, dejamos sobre nosotros el monte y santuario de Bedramón, de gran raigambre entre los allandeses y con unos espesos pinares que dan vida a esta sierra.

En el otro lado se encuentra la sierra del Valledor, o del valle del oro, de forma más larga, pero más clarificadora, ante las grietas que asaltan las paredes en los alrededores de San Martín y San Salvador, cuyo significado es la explotación del oro en manos de los romanos, los cuales sí dejaron huella indeleble, y espero que la nuestra sea al menos reversible. Algunos pueblos nos asaltan, como L’Enxertal, sobre la pendiente, pero lo que verdaderamente sorprende es la soledad del camino, su variedad vegetal y la dulzura de sus colores. En el kilómetro 10, nos desviamos para conocer San Martín del Valledor, la cabecera parroquial. Sito a dos kilómetros, nos lleva la estrecha carretera bajando hasta las cercanías del río. En primer lugar la torre de Valledor, a la derecha cuando se entra. A su lado, casa Rogelio, donde podemos disfrutar de la miel del país y de una pequeña pero clarificadora charla sobre el lugar y sus gentes. La torre de pizarra, como el resto de las edificaciones, fue restaurada con pulcritud y buen gusto, manteniendo siempre sus características. Erigida en el siglo XVI, es cuadrada y de tres plantas. En su interior el actual propietario, bien conocido en la comarca, guarda restos tanto arqueológicos como etnográficos de inmenso valor. Entre la iglesia parroquial y la torre, las diferentes casas de labor, perladas con esas paneras macizas de tanta belleza decoradas la mayor parte de ellas siguiendo el estilo allandés, con estilizaciones de rostros, relojes, etcétera. Tapando las callejuelas, vides que aprovechan el calor del valle para su maduración. Como curiosidad se conserva un retrete público, que fue ampliamente utilizado por los forasteros y los propios habitantes. Si lo deseamos podemos continuar unos kilómetros más y cruzar el pueblo hasta San Salvador, y de allí al Pozo, entrada de Ibias y de Cangas.


Pero volvemos hasta el camino que nos trajo y seguimos a Villarpedre. Sobre madera y en la desembocadura del río del oro, sus escasos habitantes viven aislados gracias a la ingeniería, y a nadie se le ocurre poner un puente para salvar el ancho río y unir dos partes de un mismo concejo: Grandas, con carreteras pero sin paso. Sólo queda la lancha o volver atrás.

 






Arriba panera en San Martín de Valledor. Sobre estas líneas, el pueblo de Berducedo. En el centro, panorámica de Valledor.


 

PARA DORMIR

  El alojamiento rural más cercano está situado en San Emiliano: apartamentos La Paliza. En Grandas: hostal Las Grandas, fonda Arreigada, fonda Elisita, hostal bar Occidente, etcétera. Además, un albergue en Castro y diversos apartamentos rurales.
 
PARA VER
  Desde Valledor podemos llegar hasta el límite con Ibias y Cangas: el Pozo, aunque se encuentre en obras, que durarán al menos un año. Sus vistas son preciosas. Igualmente, en Bedramón dominamos todo el valle hasta Villarpedre, y hacia el Norte, Buspol, La Mesa y Grandas con su embalse.
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© Prensa Asturiana Media
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