En
la profundidad de Allande se encuentra este precioso rincón
natural, deudor del Navia y pagador con su desembocadura del mismo.
Nos internamos en un espacio protegido por las autoridades naturales
del Principado, pero quienes lo han protegido y conservado son sus
propios habitantes, pocos, pero bien avenidos. Si algo sorprende
a este viajero es la falta de aceptación y de promoción
de estos lugares, los cuales, con una cuidada hostelería
e información a nivel provincial (luego el boca a boca hace
el resto), podrían atraer las miradas de aquellos turistas
que desean pasear por las orillas de un riachuelo sin ser molestados
por ruidos de motocicletas o de todo terrenos. Por ello es increíble
que en Allande, y alrededor de este valle, no exista más
que una posible opción para hospedarse: en San Emiliano,
y es que el turismo rural no hace buenas migas con este concejo.
Pero Berducedo, el centro neurálgico de la zona, carece de
todo, incluso de un restaurante para poder comer, quedando sólo
Lago y ya los vecinos Grandas y Pesoz.
Desde Berducedo, tras cruzar el Palo, nos internamos por la angosta
AS-34, cuyo punto final es Villarpedre, un saco sin salida, cortado
por el Navia y su embalse, pero con un posible paso a través
de lancha hasta el otro lado. La primera mirada la realizamos desde
el mirador del Ribón, a un kilómetro de Berducedo,
una pequeña área de descanso que otea, sobre todo,
el valle. Llaneando por el cordal de Berducedo, dejamos sobre nosotros
el monte y santuario de Bedramón, de gran raigambre entre
los allandeses y con unos espesos pinares que dan vida a esta sierra.
En el otro lado se encuentra la sierra del Valledor, o del valle
del oro, de forma más larga, pero más clarificadora,
ante las grietas que asaltan las paredes en los alrededores de San
Martín y San Salvador, cuyo significado es la explotación
del oro en manos de los romanos, los cuales sí dejaron huella
indeleble, y espero que la nuestra sea al menos reversible. Algunos
pueblos nos asaltan, como LEnxertal, sobre la pendiente, pero
lo que verdaderamente sorprende es la soledad del camino, su variedad
vegetal y la dulzura de sus colores. En el kilómetro 10,
nos desviamos para conocer San Martín del Valledor, la cabecera
parroquial. Sito a dos kilómetros, nos lleva la estrecha
carretera bajando hasta las cercanías del río. En
primer lugar la torre de Valledor, a la derecha cuando se entra.
A su lado, casa Rogelio, donde podemos disfrutar de la miel del
país y de una pequeña pero clarificadora charla sobre
el lugar y sus gentes. La torre de pizarra, como el resto de las
edificaciones, fue restaurada con pulcritud y buen gusto, manteniendo
siempre sus características. Erigida en el siglo XVI, es
cuadrada y de tres plantas. En su interior el actual propietario,
bien conocido en la comarca, guarda restos tanto arqueológicos
como etnográficos de inmenso valor. Entre la iglesia parroquial
y la torre, las diferentes casas de labor, perladas con esas paneras
macizas de tanta belleza decoradas la mayor parte de ellas siguiendo
el estilo allandés, con estilizaciones de rostros, relojes,
etcétera. Tapando las callejuelas, vides que aprovechan el
calor del valle para su maduración. Como curiosidad se conserva
un retrete público, que fue ampliamente utilizado por los
forasteros y los propios habitantes. Si lo deseamos podemos continuar
unos kilómetros más y cruzar el pueblo hasta San Salvador,
y de allí al Pozo, entrada de Ibias y de Cangas.

Pero volvemos hasta el camino que nos trajo y seguimos a Villarpedre.
Sobre madera y en la desembocadura del río del oro, sus escasos
habitantes viven aislados gracias a la ingeniería, y a nadie
se le ocurre poner un puente para salvar el ancho río y unir
dos partes de un mismo concejo: Grandas, con carreteras pero sin
paso. Sólo queda la lancha o volver atrás.
Arriba panera en San Martín
de Valledor. Sobre estas líneas, el pueblo de Berducedo. En
el centro, panorámica de Valledor.
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PARA DORMIR
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El
alojamiento rural más cercano está situado en
San Emiliano: apartamentos La Paliza. En Grandas: hostal Las
Grandas, fonda Arreigada, fonda Elisita, hostal bar Occidente,
etcétera. Además, un albergue en Castro y diversos
apartamentos rurales. |
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PARA VER
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Desde Valledor podemos llegar hasta el límite con Ibias y Cangas:
el Pozo, aunque se encuentre en obras, que durarán al
menos un año. Sus vistas son preciosas. Igualmente, en
Bedramón dominamos todo el valle hasta Villarpedre, y
hacia el Norte, Buspol, La Mesa y Grandas con su embalse. |
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